¡Hola de nuevo! Aquí estamos una vez más sacando algo de tiempo para actualizar nuestro querido blog de Joróbate Flanders.
Hoy no hablaremos de la inesperada nueva actualización de Mario Kart World (que ofrece gratuitamente dos competiciones nuevas dentro de su curioso modo supervivencia a lo Out Run) ni de las numerosas decisiones polémicas que están rodeando una vez más al mundo del videojuego en los últimos tiempos, desde los despidos y cierre de estudios en Xbox a como el hecho de que el esperado Grand Theft Auto 6 sea exclusivamente un juego digital (junto a su correspondiente caja vacía) parece haber precipitado que Sony renuncie al formato físico, lo que ha provocado las protestas de GAME España.
En relación a las últimas noticias: se acabó nuestro silencio. #GamersUnidos pic.twitter.com/JLy3o8LE0O
— GAME España (@VideojuegosGAME) July 1, 2026
Otro mundo que vive tiempos muy convulsos (en este caso por el coste del papel) es el del comic. Hace un año, la editorial RBA anunciaba una nueva edición de la Luxury Gold Collection, la que allá por 2008 recopiló durante 40 semanas todo tipo de obras de la revista El Jueves, tanto sus clásicos como Makinavaja, Martínez el facha, Historias de la puta mili... como las novedades de aquel momento como Silvio José o las muy ácidas tiras de Carlos Areces en Ocurrió cerca de tu casa.
Si bien muchos de los tomos originales no iban a estar esta vez debido a la marcha de la mayoría de autores de la época por culpa de la autocensura de la editorial, sí cabía esperar ver las que han ido asentándose en su lugar, gran parte de las cuales todavía no han tenido aún una recopilación, siendo que además se habían anunciado en esta ocasión 60 números. Lamentablemente, la escasa acogida provocó su cancelación tras solo 3 números.
Si ya de por sí cada vez hay menos kioskos, los comics hace ya mucho tiempo que se fueron de allí, y hoy en Joróbate Flanders hablaremos de algunas de esas colecciones que nos hicieron amar la lectura. ¡Empezamos!
Dragon Ball
Pues sí, no podíamos sino empezar por nuestro tema preferido. Y es que en 1992 el fenómeno Dragon Ball ya era imparable desde su estreno 3 años antes en Canal sur (¡llega Kai a su plataforma de streaming!) para después ir emitiéndose progresivamente en Cataluña (TV3) País Vasco (ETB) , Comunidad Valenciana (la extinta Canal 9) y Galicia (TVG) y por último ese año desembarcar en Telemadrid.
Eso sí, en los tiempos que no existía Aliexpress, no había forma de conseguir merchandising de Goku y sus amigos más allá de aquellos productos de ínfima calidad y dibujos terroríficos que ofrecían los snacks de Matutano o la revista Teleindiscreta entre otros.
Fueron los años en que en los colegios se popularizaron las célebres fotocopias donde se reproducían páginas sueltas de Shonen Jump (en su mayor parte portadillas) que despertaban nuestra imaginación al ver personajes y sagas que nuestras televisiones estaban aún lejos de alcanzar.
"Anda, qué traje más raro lleva Goku. ¿Y por qué ha cambiado de peinado?"
El grupo Planeta (que en ese entonces, como después veremos, venía publicando desde hacía años a los superhéroes de Marvel) no tardó en descubrir la gallina de los huevos de oro, y en abril de 1992 empezaría a publicar el manga de Dragon Ball imitando el modelo americano, es decir, comics de grapa de poco más de 20 páginas (cuyas portadas imitaban los tankobon o tomos japoneses) que además se leían en sentido occidental, lo que provocaba que los dibujos quedaran invertidos.
Pese a esto (de lo que no éramos conscientes desde nuestro desconocimiento del manga más allá de que Goku llevara su célebre kanji de la escuela tortuga en sentido contrario a como lo veíamos cada día en la tele) y a otros problemas como el extraño coloreado de algunas de las portadas (bien de nuevo portadillas o simplemente viñetas ampliadas) o la muy mejorable traducción (heredada de un doblaje que a su vez procedía del excesivamente creativo doblaje francés, como es bien sabido) la colección recibió una extraordinaria acogida. Y entonces, llegó Dragon Ball Z a nuestro país.
Pese al buen ritmo de publicación semanal, aquel formato tan limitado provocaba que aún faltarían años para poder disfrutar en el manga de la emocionante saga de los androides que se estaba estrenando en ese momento, por lo que en noviembre de 1992 Planeta lanzaría una segunda colección paralela que aún arrasaría más si cabe que la original:
Dragon Ball serie roja (por lo que la otra pasó a ser conocida popularmente como la "blanca") que, con un número algo mayor de páginas, un formato más robusto con lomo en vez de grapa, y periodicidad quincenal (posteriormente mensual) arrancaba desde el final de la saga de Freezer con la explosión del planeta Namek y la resurrección de los guerreros Z Krilin, Chaoz, Yamcha y Ten Shin Han, con una curiosa numeración que reflejaba que aquel era tanto el Nº1 como el 154 (continuando la primera colección) dejando así claro que, al contrario que en el anime, mangas de Dragon Ball solo había uno.
Aunque el Nº58/211 (con una portada muy especial con letras brillantes en el título) ponía el inevitable fin en febrero de 1997 a la serie roja de Dragon Ball al abandonar Akira Toriyama la publicación del manga 2 años antes, justo en esos días Antena 3 había empezado a emitir el anime, con lo que en gran parte del país (los que no tenían televisiones autonómicas) lo conocieron en ese preciso momento, y Planeta de inmediato lanzó las series amarilla y azul, que eran retapados de la blanca y roja que se publicarían de forma semanal y quincenal respectivamente, con un formato más atractivo donde por fin las portadas tenían sus colores correctos.
Aunque hoy en día podemos disfrutar del manga de Dragon Ball en la Definitive Edition o Kazenban en 34 tomos de sentido de lectura oriental invertida prácticamente idénticos a los japoneses y una traducción mucho más fidedigna (polémicas aparte) el enorme legado que la serie blanca y roja dejaron en nuestra generación nunca se fue, y, junto a los tomos tankobon, Planeta retomó también (ya solo en tiendas especializadas) la última en su publicación de Dragon Ball Super (de nuevo, eso sí, respetando el formato japonés) que concluyó el pasado mes de marzo alcanzando los 329 números. Eso sí, sin aquellos contenidos extra que teníamos en los 90 al principio y final de cada número y que nos hicieron conocer que había un gran universo de manga más allá de la obra de Toriyama.
X-Men
Y seguimos con Planeta, en este caso con la mencionada Marvel. Y es que, tras años de estrellarse con producciones de ínfima calidad, por fin en 1998 pudieron hablarle de tú a DC en las salas de cine con Blade, para dos años después llegar al todo o nada, una ambiciosa película por la que nadie daba un duro: la primera adaptación al cine de los proscritos mutantes de la escuela de talentos de Charles Xavier.
Con un extraordinario reparto con Patrick Stewart, Ian McKellen o un entonces desconocido Hugh Jackman entre otros, X-Men fue uno de los grandes taquillazos del 2000, y, como no podía ser de otra manera, esto renovó el interés por el comic. Siendo que no es fácil saber cómo empezar a seguir las series de Marvel dados sus muchos spin offs, crossovers y eventos varios, Planeta, junto a las grapas que por entonces poblaban los kioskos, lanzó una atractiva colección dirigida a las nuevas generaciones.
De nuevo, con periodicidad semanal y 80 páginas, el coleccionable X-Men (que, como habréis podido notar en el encabezamiento, usaba tanto el título español de La Patrulla X como la tipografía del film de Bryan Singer) arrancaba desde todo un punto de inflexión en la historia de los muties, la entrada como guionista de Chris Claremont con aquel anual de 1975 donde todos los miembros originales del grupo menos Scott "Cíclope" Summers son capturados por la isla mutante Krakoa, teniendo que crear el profesor-X a marchas forzadas un carismático nuevo equipo que juntaba desde viejos enemigos de la patrulla como el escocés Banshee o el japonés Fuego Solar (primero en abandonar tras esa misión) a jóvenes inexpertos como Tormenta o Rondador Nocturno y, sobre todo, quien pasaría a ser el emblema de la franquicia:
Logan o Lobezno, peligroso mutante inmortal nacido una vez más como antagonista episódico en las páginas de Hulk convertido en un antihéroe muy alejado del estilo naif de la edad de plata, que no tardaría en protagonizar series limitadas propias, la primera de las cuales, "Honor", fue recopilada en el tomo 24 de la colección.
Tras 45 números, este coleccionable (que abarcó sagas tan memorables como la de Fenix Oscura, los comienzos del breve arco de redención de Magneto, la "masacre mutante" en los túneles de los morlocks o la guerra espacial contra el "Nido" entre otras) quedó cerrado en otro punto y aparte de la historia de los X-Men como fue el sacrificio y resurrección en Dallas de la patrulla para poder derrotar al misterioso "Adversario" (historia esta parcialmente adaptada en X-Men´97 en Disney+) .
Su buena acogida dio pie a otros coleccionables (según iban saliendo sus respectivas películas) como Spiderman, Hulk, Daredevil o Los 4 fantásticos (e inclusive, los propios X-Men, con 12 tomos de tapa dura recopilando La era de Apocalipsis) y no fue hasta 2006 (año de la fallida X-Men 3: la decisión final) que ya Panini lanzó la continuación, que esta vez se quedó en 40 números.
Colección Olé
Y por supuesto, teníamos que hablar de lo que encabeza este artículo. Y es que, durante muchos años, hablar de kioskos era hablar de Bruguera y sus muchas revistas infantiles como Pulgarcito, Mortadelo, DDT, Din Dan, y un largo etc.
A la publicación desde 1969 de las historias largas de Mortadelo y Filemón que desarrollaba Francisco Ibáñez para la colección Ases del humor (álbumes de tapa dura siguiendo el modelo franco-belga de Asterix o Tintin entre otras) se unió 3 años después una línea más económica:
Hablamos como no de la Colección Olé, pequeños libros de tapa blanda de 80 páginas (que irían reduciéndose con el tiempo) que ofrecían recopilaciones de diversos personajes como Anacleto Agente Secreto (Vázquez) Rigoberto Picaporte (Roberto Segura) o Sir Tim o´Theo (Raf) si bien poco a poco la colección fue prácticamente monopolizada por los agentes de la TIA y en menor medida los incorregibles gemelos Zipi y Zape de Josep Escobar, siendo hasta el cierre de la editorial en 1986 estas dos series las que abarcaron la mayor parte de los 316 números (siendo el último un Mortadelo apócrifo, Mundial´86, con Ibáñez ya en Grijalbo teniendo que crear nuevos personajes al estar los suyos registrados por contrato por Bruguera) de forma por lo general absolutamente desordenada, sin poder saber qué es lo que ibas a encontrar en cada nuevo número.
Los grandes hitos de esta primera etapa fueron sendas antologías de 5 números cada uno, "25 aniversario de Mortadelo y Filemón" y "Escobar, rey de la historieta" que posteriormente fueron recogidas en 2 números muy cotizados por coleccionistas de la colección Super Humor, lujosos libros de tapa dura que recopilaban los "Olés".
Con el Grupo Zeta (hoy propiedad de la multinacional Penguin) adquiriendo el fondo editorial de Bruguera, la nueva Ediciones B mantuvo hasta 1992 la antigua colección (que superó los 400 números) incluyendo a personajes como Sporty (Juan Carlos Ramis) o incluso algunos de la antigua competencia ya desaparecida como eran La familia Ulises y demás personajes de la revista TBO, para, con una transición de 15 números entre medias (con, entre otros clásicos, Barcelona´92 o El quinto centenario) pasar en 1993 al nuevo Olé, con un papel de mejor calidad y sobre todo un formato más grande, todo un acontecimiento que hasta se anunció por televisión.
Esta colección, ya exclusivamente (salvo por dos recopilatorios de 13 Rúe del Percebe) formada por Mortadelo y Filemón (junto con otras series específicas para Zipi y Zape, el torpe superhéroe Superlópez de Jan, y licencias extranjeras como Los Simpson o adaptaciones de películas Disney) se mantuvo hasta el fallecimiento de Ibáñez en 2023 recopilando todas sus historias largas tanto clásicas como nuevas (con alguna excepción) , si bien desde 1999 (Nº147, "la MIER") dejaron de incluir historias cortas extra, pasando a llevar solo la principal, concluyendo en el 221 con Mundial de baloncesto 2023, la que fuera la última historia del genial autor sin contar la inacabada París 2024.
Con el sello Bruguera Clásica centrado actualmente en ir reeditando a cuentagotas las dos líneas de tapa dura (junto a nuevos formatos como "Mi primer Mortadelo y Filemón" o las voluminosas recopilaciones en edición limitada de SD Ediciones) aún hoy es relativamente fácil encontrar números atrasados de Olé en librerías y tiendas especializadas, si bien su precio ha ido subiendo hasta los 7€ (e incluso 8 en el caso de aquellos primeros números con más páginas) dejando de ser accesible para las nuevas generaciones de lectores convirtiéndose en el producto de lujo que hoy en día por desgracia es en su mayor parte el mundillo del comic.
Como siempre, podéis opinar sobre estas o recordar otras colecciones en los comentarios.





























